viernes, 12 de octubre de 2012

Introducción



  Muchas de las decisiones importantes de nuestra vida se toman en momentos o lugares que jamás hubiéramos sospechado. Como consecuencia de dichas decisiones se empieza a perfilar nuestro destino, siempre y cuando estemos de acuerdo con la definición de que el destino es el resultado de las decisiones tomadas o no tomadas en un pasado. Pero incluso aceptando que nuestro futuro depende de los pasos que elegimos dar, a veces decidimos asuntos importantes sin apenas darnos cuenta. Algunas veces, incluso, las decisiones ni siquiera se toman. Simplemente suceden.

Fue así como una tarde lluviosa de un noviembre gris y tristón nos llevó a tomar la decisión que nuestro próximo país que visitaríamos juntos, seria ni más ni menos que China.



 Si alguien declara que su sueño es tener un deportivo descapotable y una casa de tres pisos, nadie pondrá objeciones. Decir que tu sueño es dar la vuelta al mundo es arriesgarte a que te llamen loco, porque sucede que a menudo un loco es simplemente aquel que propone un modo de vida diferente.



Por tal motivo, nuestro deseo de visitar el país asiático ya era un hecho. La confianza que otorga el saber que te está escuchando la persona que mejor te comprende, ese sueño inconfesable apareció tal cual era. Pasar de ese sueño inconfesable a una firme decisión de querer cumplirlo duró lo que dura en enfriarse un café descafeinado. A veces, todo lo que uno necesita es preguntarse a sí mismo: ¿Y por qué no? ¿Quién o qué me impide realizar mi sueño? Una vez que has decidido no ampararte en las absurdas excusas de siempre, el camino se vuelve más llano y la respuesta surge automáticamente. La respuesta es nuestra decisión. La decisión de vivir la vida que queremos vivir.



Tomar aquella decisión empezó a reportar sensaciones indescriptibles. Queríamos volar, queríamos vivir aventuras. Ningún niño crece deseando ser un contribuyente con derecho a voto y con tendencia a aburguesarse.

 Queríamos regresar a la infancia, allá donde infinidad de sueños permanecen lejos del acoso de la vida real.


    Eso si, no vendimos nada por el mero hecho de querer viajar. Aquel dinero lo íbamos 

 A invertir en nuestra felicidad.

Decidimos que pasaríamos un mes en China. Viajaríamos sin prisa, sin planes, como si nadie nos estuviera esperando en ningún lugar. Con poco dinero, sin ningún tipo de lujo, con una pequeña mochila y con los pulmones llenos de aire.


Creemos que es buena edad para realizar este viaje. Madurar en nuestra sociedad es abonarse a la cobardía de no tener más ambición que la de una vida cómoda. Significa enterrar pensamientos revolucionarios, dejar atrás locuras juveniles y aceptar la vida tal como es. 

Siempre he sentido una gran admiración por todas aquellas personas que en un pasado lejano emprendieron viajes imposibles. Gente que recorrió el mundo sin saber a dónde iban, sin mapas y sin conocimientos. Navegantes que zarparon a explorar con la incertidumbre de no saber si algún día regresarían a puerto, aventureros de cuando aun habían cosas por descubrir. Personajes que viajaban sin reservar vuelos por internet, sin esperar que hubiera una pensión a medio camino. Gracias a aquellos valientes, hoy en día tenemos constancia de lo que abarca nuestro hermoso planeta.






    


Mapa de China
                                 

   


Dejo seguidamente los links de mis viajes a Sudeste Asiático ( Vietnam, Tailandia y Camboya) y el de Australia. Espero los disfruten.


       http://rubenaroundasia.blogspot.com.es

       http://rubensaroundaustralia.blogspot.com.es      

   


   "Hacer lo que te gusta es libertad.Que 
te guste lo que hagas, es felicidad"
  

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